No sé si lo habréis notado, pero estamos en crisis. La situación está muy mal. Pero si tenéis amigxs periodistxs, seguro que ellos os dicen "El mundo del periodismo siempre está en crisis"; es un tópico que cada uno aplica a lo que necesita, pero es cierto, que el mundo del periodismo, siempre está en crisis. Hace poco, David Jiménez explicó exactamente en la situación en la que estamos los periodistas, o más bien, en la situación en la que nos obligan a estar y acertó con bastante exactitud.
Todos los días me levanto para trabajar. Hace tres meses estaba desesperada, buscando algo que me sacara de casa y evitara que se me cayeran las paredes encima. A un culo inquieto no le basta con tener que ir todas las tardes a clase y tener un blog donde expresarse sin que le juzguen, necesita rellenar esas horas matinales. Y hace tres meses, acepté uno de esos tan famosos contratos de formación. Al menos, aun mal pagado, estaba haciendo algo para lo que había estudidado.
No hay peor manera de perderle el respeto a tu profesión que realizando un contrato de formación, vamos, estar de becario: obviamente, te mandan a las basuras a las que nadie quiere ir –aunque muchas veces, sí sirven de algo, sí son interesantes y sí, aprendes mucho–, con suerte te dan un margen de libertad, pero en ocasiones te atan corto. No me disgusta trabajar con mal sueldo, no he nacido para pedir subidas de sueldo, ni siquiera para quejarme por el dinero si el resto va bien. El problema es que nada va bien. Pagan mal y tarde, y además, me han robado vida laboral, que a día de hoy es casi lo que más me preocupa a largo plazo. Cobro una mierda, pero si todo lo demás fuera bien no importaba. Pero pagan mal y tarde, me roban la vida laboral y me atan (no mucho) pero sí bastante corto.
Probablemente acabaremos como lo dijo David Jiménez y como lo dijo Cela: «trabajando sin horario ni garantías, a menudo de noche, ofreciendo sus servicios al mayor número de clientes posible y soportando a los aprovechados que tratan de regatear los precios o que el servicio les salga gratis». Yo, por el momento, he decidido seguir manteniendo la poca fuerza que me queda para mantenerme a flote, mientras busco un trabajo de camarera que probablemente me satisfaga mucho menos, pero que al menos me permita llegar a fin de mes sin tener que contar la calderilla que me queda para poder tomarme una caña.
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martes, 10 de enero de 2012
jueves, 30 de septiembre de 2010
Hipocresía consentida
No necesito que nadie me dé su aprobación, que nadie sepa lo que hay. Nadie tiene que saber qué significa cada palabra, cada gesto, cada pensamiento ni cada sentimiento. Ninguno de todos los seres que me rodean sienten la necesidad de leer palabras de mi cabeza, no existe todavía ente humano ante el cual tenga que responder con mis letras. ¿Entonces por qué tú, que tanto hablas de eso que dices sentir, tienes la necesidad de mostrarlo al mundo entero?
El día que tenga que escribir y describir lo que siento para que el resto del mundo lo sepa, es que todo habrá dejado de tener sentido, y lo único que querré entonces, será ocultar algo que en realidad, no quiero que nadie sepa. Tal vez no sean formas ni maneras, tal vez no lo entiendas, o tal vez sí, pero me da igual. Lo que yo quiera o no quiera es cosa mía y de quien competa. Pero jamás siento la necesidad de decirle al mundo entero algo que hay dentro de mí y que sólo yo y quien deba, conocemos. Tener que decirle a todo el mundo lo que es, te destrozará, porque sabrás que tú no sientes lo que dices, que dañas a quien incumbes, y sobre todo, que nadie te creerá cuando lo sientas de verdad.
El día que tenga que escribir y describir lo que siento para que el resto del mundo lo sepa, es que todo habrá dejado de tener sentido, y lo único que querré entonces, será ocultar algo que en realidad, no quiero que nadie sepa. Tal vez no sean formas ni maneras, tal vez no lo entiendas, o tal vez sí, pero me da igual. Lo que yo quiera o no quiera es cosa mía y de quien competa. Pero jamás siento la necesidad de decirle al mundo entero algo que hay dentro de mí y que sólo yo y quien deba, conocemos. Tener que decirle a todo el mundo lo que es, te destrozará, porque sabrás que tú no sientes lo que dices, que dañas a quien incumbes, y sobre todo, que nadie te creerá cuando lo sientas de verdad.
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