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domingo, 10 de julio de 2011
En paz
Ya la tiene preparada. Es una pelota inmensa de cristal, del que no se rompe cuando se cae al suelo; es duro como la piedra más fuerte del mundo. No se dobla cuando recibe golpes, ni se abolla, y tampoco tiene efecto rebote. Es un gran invento. El proceso de fabricación ha sido lento y doloroso, ha gastado en ella sangre, sudor y lágrimas, y sobre todo, ha sabido entender que no se vive de sueños. Rueda por el suelo real, no existe ningún bache que no pueda esquivar y tiene un radar para los agujeros negros que pueden llevarla a otros mundos de fantasía. Ha sabido construirla con paciencia y esmero, y el material del que está hecha es fruto de mil situaciones diferentes. Sólo le queda dar un pasito más: entrar en ella, cerrar la puerta y tirar la llave al mar. Quien encuentre la llave será dueño de la imperfección, de la desdicha y la agonía, pero siempre vistos desde el mejor de los puntos de vista. No habrá nadie que pueda entrar sin haber derramado sus ánimos y fuerzas en encontrar la llave. Y entonces, vivió en paz.
jueves, 10 de marzo de 2011
La generación olvidada
Al acabar el instituto nos quitaron nuestra ortografía, con la que habíamos aprendido a hablar en galego. Tuvimos que aprender desde cero una nueva a dos meses de presentarnos a las pruebas de acceso a la universidad. Tres meses después de llegar a la universidad, nos obligaron a bajar cinco pisos en los diez minutos que teníamos de descanso para fumar un cigarro. Cuando terminamos la carrera, nos obligaron -en plena crisis económica, con un 20% de desempleo y más de un 40% de desempleo en jóvenes titulados, a firmar un contrato de por vida para poder cobrar nuestra íntegra pensión, cosa que para muchos nos fue imposible. En esa misma época, nos prohibieron descargar música, series y películas para verlas en casa mientras en la tele, lo único que podíamos ver era basura. Mientras, en Alemania, nos reclamaban, a todos los licenciados sin trabajo, para irnos a su país, a trabajar por el triple de sueldo pagando la mitad de alquiler, a beber cerveza barata en la puerta del bar o a fumar un cigarro en una cafetería. Esto era cuando vivíamos en democracia, cuando lo único que nos decían era que teníamos que llegar a los mismos niveles del resto de Europa, y lo único que consiguieran fue superar en gilipolleces a algunos países, crear sistemas educativos "a la europea" que redujeron enormemente la capacidad de propia opinión de las personas y convertirnos en un país involucionado. Todo, cuando entonces, vivíamos en democracia y se supone que nosotros decidíamos nuestro futuro. Pero a mí, mis abuelos me decían que ellos habían vivido mal. No lo dudo, pero a nosotros, la generación olvidada, no nos dejaron vivir.
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sábado, 29 de enero de 2011
No hay futuro...destruye
A día de hoy tengo el futuro clarísimo. Tras 5 largos años estudiando mucho de nada y poco de mucho, con una licenciatura acabada, un post-grado en camino, una tesina de investigación, un futuro máster, dos becas de prácticas en medios de comunicación (que dudo firmemente que coticen para mi futura pensión), una futura tesis doctoral y una probable oposición, me encuentro con que necesito tener todo eso antes de los 26 años si quiero cobrar mi pensión completa a los 65. Parece ser, además, que no sólo tengo que empezar a trabajar en escasos 3 años con un contrato de verdad, sino que además, tengo que trabajar ininterrumpidamente hasta los 65, cosa que veo muy poco probable. Mientras, están a punto de quitarme el entretenimiento cultural con el que puedo disfrutar en mi tiempo libre, porque lo de salir de copas no me lo permite mi pequeño bolsillo de becaria. Tengo el futuro clarísimo: totalmente negro.
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sábado, 20 de noviembre de 2010
Corta el viento hacia proa

Una pequeña barca, no muy consistente, ha llegado a mar adentro manteniéndose a flote. Ha sobrevivido dandos tumbos en el mar, aguantando las fuertes oleadas de viento que arrasan de norte a sur. Logra llegar a islotes cada cierto tiempo, donde sus navegantes reposan y consiguen algo de fruta para seguir adelante, pero sólo durante otro viaje marino, hasta la siguiente isla. Su destino es llegar a puerto, pero tiene que recorrer medio mundo para ello. Sólo necesitan vitaminas, y saber mantener el equilibrio de las velas... a día de hoy, viento en popa. Pero a veces, parece que corta hacia proa...
jueves, 30 de septiembre de 2010
Hipocresía consentida
No necesito que nadie me dé su aprobación, que nadie sepa lo que hay. Nadie tiene que saber qué significa cada palabra, cada gesto, cada pensamiento ni cada sentimiento. Ninguno de todos los seres que me rodean sienten la necesidad de leer palabras de mi cabeza, no existe todavía ente humano ante el cual tenga que responder con mis letras. ¿Entonces por qué tú, que tanto hablas de eso que dices sentir, tienes la necesidad de mostrarlo al mundo entero?
El día que tenga que escribir y describir lo que siento para que el resto del mundo lo sepa, es que todo habrá dejado de tener sentido, y lo único que querré entonces, será ocultar algo que en realidad, no quiero que nadie sepa. Tal vez no sean formas ni maneras, tal vez no lo entiendas, o tal vez sí, pero me da igual. Lo que yo quiera o no quiera es cosa mía y de quien competa. Pero jamás siento la necesidad de decirle al mundo entero algo que hay dentro de mí y que sólo yo y quien deba, conocemos. Tener que decirle a todo el mundo lo que es, te destrozará, porque sabrás que tú no sientes lo que dices, que dañas a quien incumbes, y sobre todo, que nadie te creerá cuando lo sientas de verdad.
El día que tenga que escribir y describir lo que siento para que el resto del mundo lo sepa, es que todo habrá dejado de tener sentido, y lo único que querré entonces, será ocultar algo que en realidad, no quiero que nadie sepa. Tal vez no sean formas ni maneras, tal vez no lo entiendas, o tal vez sí, pero me da igual. Lo que yo quiera o no quiera es cosa mía y de quien competa. Pero jamás siento la necesidad de decirle al mundo entero algo que hay dentro de mí y que sólo yo y quien deba, conocemos. Tener que decirle a todo el mundo lo que es, te destrozará, porque sabrás que tú no sientes lo que dices, que dañas a quien incumbes, y sobre todo, que nadie te creerá cuando lo sientas de verdad.
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miércoles, 22 de septiembre de 2010
Canto a la libertad

He sido, soy y seré hasta el fin de mis días una fiel defensora de la libertad de expresión, pero como todo en un mundo equilibrado, existen límites. Dudo que la libertad de expresión dé luz verde para insultar de forma gratuita o mostrar vilipendio abiertamente hacia cualquier cosa o ser, pero lo que más daña a mis ojos es que un medio, considerado uno de los más importantes del estado, referente para muchas personas -entres las que yo no me incluyo- publiquen artículos de este tipo.
Hemos aprendido a lo largo de la vida que la crítica no es mala, en la mayoría de las veces, bien expresada, podemos tener críticas constructivas con las que podemos crecer como personas, pero permitir que un "..." (no existen palabras para definirlo) publique un artículo de mofa, injurias e improperios, a quien muchos consideramos una gran persona, hace que me hierva la sangre.
Esto da que pensar. Si un individuo, además de intentar denigrar a José Antonio Labordeta, cosa que no se consigue tan fácilmente, publica un artículo en El Mundo insistiendo en la importancia de dejar atrás el mundo de mochila que él defendió, cortar senderos y caminos, talar árboles y levantar una gran masa de cemento y luces en los pocos rincones verdes que cubren el estado... ¿qué nos queda pensar? Está claro que los artículos de opinión no son escritos por el medio en sí -aunque en ocasiones, casi es dudoso- y que las opiniones ahí expuestas, no salen de las mentes de los redactores de El Mundo, pero ¿qué pasa cuando permiten publicar tal tipo de aberraciones? ¿Debemos pensar que ellos piensan lo mismo? Esto es increíble, incluso para el diario El Mundo. ¡Qué triste! Sólo espero que Salvador Sostres y el diario El Mundo queden petrificados en una placa de cemento en la construcción de un casino, que ahí se queden y que sólo podamos mirarlos y decir "¡Qué feliz fui el día que se convirtieron en piedra y pasaron a la historia!"
Hemos aprendido a lo largo de la vida que la crítica no es mala, en la mayoría de las veces, bien expresada, podemos tener críticas constructivas con las que podemos crecer como personas, pero permitir que un "..." (no existen palabras para definirlo) publique un artículo de mofa, injurias e improperios, a quien muchos consideramos una gran persona, hace que me hierva la sangre.
Esto da que pensar. Si un individuo, además de intentar denigrar a José Antonio Labordeta, cosa que no se consigue tan fácilmente, publica un artículo en El Mundo insistiendo en la importancia de dejar atrás el mundo de mochila que él defendió, cortar senderos y caminos, talar árboles y levantar una gran masa de cemento y luces en los pocos rincones verdes que cubren el estado... ¿qué nos queda pensar? Está claro que los artículos de opinión no son escritos por el medio en sí -aunque en ocasiones, casi es dudoso- y que las opiniones ahí expuestas, no salen de las mentes de los redactores de El Mundo, pero ¿qué pasa cuando permiten publicar tal tipo de aberraciones? ¿Debemos pensar que ellos piensan lo mismo? Esto es increíble, incluso para el diario El Mundo. ¡Qué triste! Sólo espero que Salvador Sostres y el diario El Mundo queden petrificados en una placa de cemento en la construcción de un casino, que ahí se queden y que sólo podamos mirarlos y decir "¡Qué feliz fui el día que se convirtieron en piedra y pasaron a la historia!"
jueves, 19 de agosto de 2010
Apurando humedad

Hemos creado un nuevo estado de ánimo. El que fluye, el que viene, se vuelve, se queda, desaparece y vuelve a posarse. El de la felicidad con tristeza, el del sí y el no. Cuando aparece y se empañan los cristales, no tiene rendija por donde escapar. Sólo hay que airear, dejar que entre la vida, que salga, que se forme un equilibrio que podemos decir que hemos creado nosotros mismos. Entonces, poco a poco, el cristal se desempaña o se rompe; lo mejor es esperar a ver cómo reaccionan las leyes de la física.
sábado, 14 de agosto de 2010
Difusión naranja
Porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes.
Construir con palabras un puente indestructible,
pero hagamos un trato.
Hay que ingerir distancia,
he dicho "me parece",
yo no aseguro nada.
Nada ansío de nada,
mientras dura el instante de eternidad que es todo,
cuando no quiero nada.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.
y eres mejor que todas tus imágenes.
Construir con palabras un puente indestructible,
pero hagamos un trato.
Hay que ingerir distancia,
he dicho "me parece",
yo no aseguro nada.
Nada ansío de nada,
mientras dura el instante de eternidad que es todo,
cuando no quiero nada.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Parabéns

Desde el último, han pasado millones de cosas. He descubierto que soy más normal de lo que parezco, menos tonta de lo que me creen y más débil de lo que quiero aparentar. He aprendido prácticamente tres formas de hablar con diferentes personas, me he hecho pasar por canadiense (incluso ante un verdadero canadiense), he defendido mis principios territoriales en zona extraterritorial, he visto alas de aviones, he desplegado las mías propias, las he vuelto a guadar, he cambiado de opinión en treinta segundos. He perdido los nervios, pero también he aprendido a no soltarlos. He sonreido mucho, y he llorado poco, pero de verdad. He conocido a muchísima gente, y de ese "muchísima" me encuentro con una gran cantidad de personas que merecen mucho la pena. Me han dado buenas noticias. Me han recordado las malas. He aprendido a decir que no, y he desechado a gente que creía tendría para toda la vida. He subido a lo más alto, he tenido vértigo. He pintado de colores mi habitación, he tocado las cuerdas de una sóla guitarra, he dejado que vuestras caras me acompañen cada día y cada noche. He perdido un poco la vergüenza, y por el camino he perdido algo de dinero también. He degustado nuevos sabores, he recibido nuevos besos. He soñado cosas felices y he tenido muchas pesadillas (demasiadas, para mi gusto). Podría estar toda una vida diciendo todo lo que he hecho en este último año. Una de las mejores cosas ha sido poder conocerte un poco más. Una de las peores, pensar que cada 11 de agosto, y para el resto de los días, seguirá siendo el día más triste del año.
domingo, 25 de julio de 2010
Negación rotunda
A veces es mejor cerrar los ojos y mirar para otro lado. La mayoría de las veces eso no funciona de nada. He decidido radicalizar lo que antes sólo estaba teóricamente radicalizado. He decidido negarme en rotundo a lo que no me apetece, decir adiós muy buenas cuando no tenga ganas de seguir una conversación, incluso levantar la voz cuando el nervio me pueda. Y no pienso pedir perdón por hacerlo siempre y cuando tenga razón. Hoy sé que la tengo, y no tengo ninguna duda. Así que hoy, desués de haber levantado la voz cuando tuve razón, después de decir adiós muy buenas por no seguir una conversación, me niego en rotundo. Es lo que más me apetece, negarme. Luego, ya veremos qué es lo que toca venir. De momento, me niego, y seguiré negándome a menos de que pase algo que todos sabemos que no va a pasar.
jueves, 15 de julio de 2010
Víspera de expectativas
He pensado que tal vez la mejor opción para llevar bien esta vida sea el pesimismo, pero el pesimismo concienciado. No ese que algunos eligen para llevar sus vidas al desastre y tener una razón por la que decir "Sabía que esto pasaría". No ese otro que te empuja a que, aunque las cosas vayan bien, exactamente al revés de como habías pensado, cambien radicalmente de dirección para acabar siendo un desastre previamente anunciado. Tampoco el que te hace creer que las estrellas se han alineado en el firmamento para destrozar tus planes.
El pesimismo concienciado es en el que piensas cuando cabe la mínima posibilidad de que las cosas salgan mal. Y lo harán. Pero siempre albergando la pequeña esperanza de que no ocurra así. El pesimismo concienciado es el que hace que abras los ojos cada mañana diciéndote a ti mismo lo horrible que puede llegar a ser el día, pero que cuando te miras al espejo te hace pensar "es posible que no sea tan malo". El pesimismo concienciado es el que, por mucho que te convenzas a ti mismo de que no va a salir bien, te permite disfrutar del camino. Eso sí, eliminando por completo el peor momento: la víspera de expectativas.
Si no esperas gran cosa, no hay tantas cosas que puedan fallar. Es lo peor de todo el proceso, que dejas de esperar actos que seguramente, te harían el camino mucho más sencillo. Está claro que ninguna opción es 100% sana. Pero después de haber aprendido a volar sin alas, es duro pensar que tienes que dejar de pensar que los demás también pueden hacerlo.
El pesimismo concienciado es en el que piensas cuando cabe la mínima posibilidad de que las cosas salgan mal. Y lo harán. Pero siempre albergando la pequeña esperanza de que no ocurra así. El pesimismo concienciado es el que hace que abras los ojos cada mañana diciéndote a ti mismo lo horrible que puede llegar a ser el día, pero que cuando te miras al espejo te hace pensar "es posible que no sea tan malo". El pesimismo concienciado es el que, por mucho que te convenzas a ti mismo de que no va a salir bien, te permite disfrutar del camino. Eso sí, eliminando por completo el peor momento: la víspera de expectativas.
Si no esperas gran cosa, no hay tantas cosas que puedan fallar. Es lo peor de todo el proceso, que dejas de esperar actos que seguramente, te harían el camino mucho más sencillo. Está claro que ninguna opción es 100% sana. Pero después de haber aprendido a volar sin alas, es duro pensar que tienes que dejar de pensar que los demás también pueden hacerlo.
jueves, 24 de junio de 2010
Tengo un regalo
La mariposa es un ser increíblemente excepcional. Aunque no lo parezca, es de lo más parecido a los seres humanos. Tiene dos naturalezas, y cuando se convierte en adulta sufre una enorme transformación. Las hay de diferentes colores, y las hay de noche y de día. Millones de cosas que tenemos en común, pero hay una diferencia que me carcome por dentro: nosotros no tenemos alas. Eso no significa que no podamos volar, pero no podemos hacerlo por naturaleza.
A lo largo de nuestras vidas aprendemos a base de golpes, de pequeños nos llenamos las rodillas de moratones y cortes, se nos abren las manos y nos sangra la cabeza. Cuando somos adolescentes los golpes son más bien, metafóricos. Y duros. Duros como los que más. A pesar de todo ello, sabemos cerrar los ojos y salir hacia el cielo, abrir los brazos y volar. El peor momento es cuando te conviertes en algo parecido a un adulto, porque piensas que eso ya no lo puedes hacer. Ya no puedes volar, ya no te dejan volar. Pues yo tengo un regalo para ti. Me he inventado algo: es como una mochila, y te lo colocas cuando quieres. Tiene un botón imaginario para encenderla, y entonces suena música, la que tú quieras, y además se abren dos alas de tela, de colores como las de las mariposas. La mochila tiene una cuerda que cuelga hacia abajo, igual que las que tienen las cometas que hacemos bailar en la playa, y está hecha de un material que no se rompe a menos de que tú quieras cortarlo. Las alas se abren cuando suena la música, y la música suena cuando tú quieres apretar ese botón. Entonces vuelas, y llegas al cielo. Desde ahí ves todo diferente, y le pegas bocados a las nubes, que saben dulces como los barbapapas.
Pero la cuerda se queda, y es larga, no importa lo que subas, la cuerda siempre se queda en el suelo, para que cuando vueles y mires hacia abajo, por muy alto que estés, sigas viendo el final de la cuerda. Entonces te das cuenta de que puedes volar, que da igual que ya no seas un niño, que puedes hacer lo que quieras, pedir lo que quieras, llegar a donde quieras, pero siempre sabiendo que tienes que acabar abajo. Porque todos deberíamos saber volar, teniendo los pies en el suelo. Por eso te la regalo, porque sé que tú no quieres, que te da miedo volar. Yo ya no la necesito, he aprendido a volar sin mi invento, a cerrar los ojos y saber que estoy donde quiero estar. Ahora hazlo tú también, y no necesita manual de instrucciones.
A lo largo de nuestras vidas aprendemos a base de golpes, de pequeños nos llenamos las rodillas de moratones y cortes, se nos abren las manos y nos sangra la cabeza. Cuando somos adolescentes los golpes son más bien, metafóricos. Y duros. Duros como los que más. A pesar de todo ello, sabemos cerrar los ojos y salir hacia el cielo, abrir los brazos y volar. El peor momento es cuando te conviertes en algo parecido a un adulto, porque piensas que eso ya no lo puedes hacer. Ya no puedes volar, ya no te dejan volar. Pues yo tengo un regalo para ti. Me he inventado algo: es como una mochila, y te lo colocas cuando quieres. Tiene un botón imaginario para encenderla, y entonces suena música, la que tú quieras, y además se abren dos alas de tela, de colores como las de las mariposas. La mochila tiene una cuerda que cuelga hacia abajo, igual que las que tienen las cometas que hacemos bailar en la playa, y está hecha de un material que no se rompe a menos de que tú quieras cortarlo. Las alas se abren cuando suena la música, y la música suena cuando tú quieres apretar ese botón. Entonces vuelas, y llegas al cielo. Desde ahí ves todo diferente, y le pegas bocados a las nubes, que saben dulces como los barbapapas.
Pero la cuerda se queda, y es larga, no importa lo que subas, la cuerda siempre se queda en el suelo, para que cuando vueles y mires hacia abajo, por muy alto que estés, sigas viendo el final de la cuerda. Entonces te das cuenta de que puedes volar, que da igual que ya no seas un niño, que puedes hacer lo que quieras, pedir lo que quieras, llegar a donde quieras, pero siempre sabiendo que tienes que acabar abajo. Porque todos deberíamos saber volar, teniendo los pies en el suelo. Por eso te la regalo, porque sé que tú no quieres, que te da miedo volar. Yo ya no la necesito, he aprendido a volar sin mi invento, a cerrar los ojos y saber que estoy donde quiero estar. Ahora hazlo tú también, y no necesita manual de instrucciones.
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